Miguel Alejo

La eternidad del trigo

Posted by: miguelalejo on: Junio 27, 2009

Dedicado a mi abuelo paterno,
Cariñosamente llamado “Tata Beto”.

Vas jugando en la mañana verde del sur,
esquivando los álamos añosos,
siguiendo la incansable pelota derruida del tiempo,
conformando una travesura perenne.

Vas montando en la llanura,
vas arriando los animales hacia las praderas de la soledad y el viento,
para que beban la vida en el río.

Miras el cierzo mover la cabeza del hombre
y comprendes que la misericordia de Dios es exacta.

Habrás encontrado nuevamente el útero arrebatado que lloraste
desguarnecido mientras todos duermen.

Vas surcando sobre un bote escarlata la llanura de trigos,
navegando en la mies madura de la eternidad.

Haiku IV

Posted by: miguelalejo on: Mayo 30, 2009

Mi huella corre
hurgando hasta el vientre
para nacer y morir

Haiku III

Posted by: miguelalejo on: Mayo 30, 2009

Mi tarántula
coja de una pata
muerde el amor.

Lucidez

Posted by: miguelalejo on: Mayo 30, 2009

Encendió la mecha de la poesía.
Al fin, después de tanto tiempo.

A pesar de la oscuridad, hay una triste
lucidez que inunda la habitación.

Los ojos encendidos.
Las manos minuciosas hurgando la nada.

¡Pero qué más da!
Al final de cuentas,
estoy ahogadamente solo.
Absolutamente solo.
Absurdamente.
Solo.

El que nos mira sabe que formamos una trinidad patética:
poeta, poesía y muerte.

Resigno

Posted by: miguelalejo on: Abril 25, 2009

Resigno

Hay días, corazón, que se estira, que se alarga, que se amplifica
el año como un horizonte profundo
de interminables laberintos académicos y laborales;
y no quiere caer el calendario,
y no quiere morir el burro atracado con su burra;
hay días, amor, que seres tan agotadoramente eternos
y condenados a sí mismos, a soportar la esencia de su diablo,
pagan por vivir la pálida gloria que se forjan.

Gloria tonta de palito de helado,
gloria ambulante de carne con gusanos.
Ay, vivo sin por qué.

Por Alejandro Ezra.

Lejanía

Posted by: miguelalejo on: Abril 25, 2009

Cuando no estas
la casa es un hoyo de silencio.

Los objetos, los muebles, las flores
están concentrados en su mutismo
hasta el punto en que oigo el pulso que me hace vivir.
Es un ritmo de tambores.
Es el ritmo de la soledad.

Cuando no estas
la casa se convierte en un reloj
que mide la distancia hacia la muerte.