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Ensayos dominicales: Los chilenos el computador y el software

Para un chileno medio el personal computer -con perdón por la siutiquería imperialista- es un artefacto enviado por los dioses del olimpo de los inventos contemporáneos. Un gadget sacrosanto -perdónenme nuevamente- con posibilidades de explotar ante una manipulación arriesgada. Un objeto de temer, con el cual podríamos electrocutarnos, pero útil; lo que, sin embargo, y como podría esperarse, no lleva al rechazo. Todo lo contrario, se piensa más o menos así: “lo desconocemos, pero sirve. ¿Qué cosa mala nos podrá pasar? Después de todo nos divierte, y cumple su promesa”. Y es el temor y la comodidad -tan humanos atributos- canalizados esta vez por un objeto extranjero y de rara naturaleza -un Aleph diría Borges- el origen y el motor de la ignorancia que padecemos en materia de creación y uso del computador y el software.

Significa, pues, varios problemas, interpretando con permiso: el primero procede de la ignorancia en sí, que es un atributo indeseado porque nos expone, en materia de tecnología, al arbitrio del sino, los dioses, las supersticiones y las corporaciones con sus exitosos y sagaces Bills Gates, cabecillas de organizaciones depredadoras y psicópatas de acumulación de riquezas. La ignorancia es el riesgo permanente en una sociedad chilena que lleva incrustada la utopía del conservadurismo en el seno de sus familiones patriarcales, mérito de diarios y televisión, lo que se manifiesta en una pasividad ciudadana.

El segundo problema surge en el contexto de la sociedad de la información, cosa bien sabida por la minoría que lee, gobierna y reflexiona de cuando en vez. Una sociedad de la información -cierto- que evoluciona hacia la creación de un gran fichero que almacenará -¿Y aprisionará?- esa información bajo un único sistema, centralizado y controlado por supuesto, de acceso, lo cual permitiría a las élites dirigir a ciudadanos comodamente desde su Iphone, Blackberry o Ibad. En esta sociedad de la información el ordenador personal es el gran fichero familiar con la potencia de contenerlo todo allí en la sala de estar, en el dormitorio. Por tanto, ser ignorante en cuanto al mantenimiento y producción de la imprenta del milenio -el computador y el software- es ser analfabeto, y conlleva perpetuar una antiquísima tradición mundial de desigualdad.

Es el momento de hacerse preguntas, antes de actuar. ¿Cuáles eran (son) los problemas del analfabetismo, ahora digitalizado? Pues nada más ni nada menos que la dependencia (comercial), la marginación social (nacional), la incomunicación (intelectual), lo que se resume en: la intrascendencia de la humanidad que está en nosotros. Y llamo analfabetos a quienes “saben”, en el sentido autocomplaciente y tranquilizador de saber, usar un computador y software para navergar, para escribir, para chatear y pare leer en un blog. Muy probablemente esta ignorancia se debe a la ausencia de una historía crítica sobre la informática mundial, y a su enseñanza netamente práctica en la educación chilena.

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