Antipoesía y poesía objetual

Travesía trivial pero indispensable

Me levanto de la mesa.
Recorro los treinta centímetros entre yo y la alfombra.
Luego, guiado por el Destino,
viro a la izquierda e ingreso en la primera de las habitaciones.
Me sorprendo por la blancura de las paredes.
En seguida un hálito de cloro me sube por las narices.
Veo con claridad, no creo confundirme.
El ámbito lo domina el trono de loza refulgente, puro.
Junto al trono, una mesa pequeña de alerce,
sostiene un diario viejo, ajado, probablemente allí hace treinta días.

Abro el manojo de hojas sucias.
Recorro los titulares con ansiedad, vértigo, y dolores de estomago.
Me detengo en la página 24 visiblemente impresionado.
Leo una noticia sobre mí mismo, sobre mi yo,
sobre mi alma sentada en un retrete leyendo el periódico.

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