Prosas

Metamorfosis duo

El restaurante chino era un recuerdo y un malestar ácido en el estómago. Ella, más dominante, guardaba las llaves en su cartera y en general abre las puertas y toma las decisiones. Su nombre es Angélica. Sin embargo, no le importa a su pareja. ¿Qué placer es posible hallar en destinar los frágiles sucesos de la vida de personas? Ninguno. Buscar un deleite, sea con mínima sofisticación, es el único imperativo de Alejandro. Una vez adentro del hogar el ritual consiste en arrellanarse según la liturgia que exige el cansancio sobre el sofá. Entraron a la casa.

            Se abrazan. Las blanduras de la espuma o pluma de ganso o la felpa son propicias para el abrazo; pero no compraron precisamente aquel sofá por la calidad de sus materiales, sino por la calidad de los futuros abrazos que el sofá prefiguraba y su color. En un recorrido de rutina por la tienda se encapricharon, sincrónicamente, con el rojo de las cubiertas. Éste, se dijeron.  Y sin duda, a juzgar  por el contraste minimalista entre el blanco-hospital de las paredes y el maravilloso rojo-sofá del objeto, no hubo error estético. Se abrazan allí por lo menos, en tiempo de enamorados, un cuarto de hora.

            ¿Quién sabe qué pensaban realmente allí sentados? Nadie. No es dado al hombre conocer al hombre. El interior de la humanidad es inexpugnable. Ni la propia voz puede develarlo. Pero a pesar de la imposible metáfisica humana, Angélica le abrazaba. Y al dictado de una pulsión de abrir los ojos, delicadamente abrió sus ojos. Al unísono silencio Alejandro respondió en idéntico reflejo. Y sin un pretexto en el cual desviar la vista, aséptico su gusto ornamental, se encontraron, se percibieron, algo frustrados, como si mirasen un espejo que no devuelve la propia imagen. Iniciaron un tenue diálogo, un tanto tímidos, trémulos del impredecible grosor de las palabras. El abrazo desinteresado, la confianza desmesurada para dejar caer su cabeza en el regazo del otro, sin duda develaban su condición de amantes y mostraba a ambos espíritus en actitud pura y fraternal. Un éxtasis de pareja, infrecuente, típico en los monjes pero no en los amantes, los invadió en el vacío de la decoración.

            El hombre, con los ojos en una mujer, asciende fuera del tiempo; la mujer, con los ojos en un hombre, fuera del espacio. Alcanzan un trocito del Ser Eterno. Las palabras de aquel diálogo, tímido en principio, táctil en su final, eran abejas mandadas a buscar el zumo de la flor. Retornaban llenas de ínfimos fragmentos del alma del otro. Comunicación, metáforas,  pensó Alejandro; amor, química, pensó Angélica, y se abandonaron. Pero la voz no es suficiente y jamás alcanza los escondrijos. Quizá es sano conformarse con llegar a la piel.

            Sus vástagos morenos (¿Los de él, los de ella?), huesudos de la mano, muy parecidos, engendraban un fragor ligero en su cuerpo, un viento como el que nace del sol cuando le acercas el oído. Qué mapa guiaba su camino, ¿el sueño? La luz huyó de las ventanas y del día. Abandonó la casa. Y desnudos como la luna, no la necesitaban. Sucedieron los días a los días, sin cansancio, siempre retorno. Y esas largas extremidades del macizo Alejandro ya no eran amplias. Y no había tardanza para Angélica. El seno, su orgullo, perdió su aire. La ancha espalda rechazó su grosor. Pero abrazados, siempre abrazados, el vientre de ambos parecía haber derrotado el hambre. ¿Dónde estaba el dolor? Menudos,  jugaban infantiles.  Despojados de todo sobre un sofá, gimotean dos niños irreductibles.

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3 comentarios sobre “Metamorfosis duo

  1. He corregido el cuento un millón de veces. ¿Logré despojarlo de sus naturales imperfecciones? Para un autor, para uno de bien, alcanzar la perfección narrativa es imposible siempre. Ni Dios, por medio del Verbo, ha hecho un perfecto mundo.
    Simplemente espero que la suerte haya estado conmigo, y el argumento original, narrar la transición de lo individual al ser dual que conforma una pareja enamorada, esté más o menos dotado de un mínimo encanto que no me deshonre.

  2. No hay perfección, aquello tendría por supuesto la existencia de un modelo único e invulnerable, y eso no existe, los martillazos que le damos a esa limpia redondez son las cosas que nos diferencian como humanos y también como artistas. Por ejemplo; todos comenzamos con nuestras mujeres dándoles un beso en los labios, pero el lado feo del asunto, cuando terminamos, eso nos distinguirá; a mi me serán infiel con un auquénido y tú dejarás a tu novia por irte a vivir a una comunidad hippie donde solo comen cosas que caen de los árboles.

    Respecto a la narración; los elementos descriptivos que usas me parecen acertados para conmemorar aquella unión entre hombre y mujer, incluso hay frases realmente memorables entre medio. Me gustó harto. Pero a mi juicio el aspecto de la relación carnal es algo que posee una parte física y muy concreta que es ineludible, los amantes deben quedar bien individualizados, el sexo es algo que (a mi juicio) no puede ser ejecutado por dos seres neutrales con signos de interrogación en el rostro, aún cuando este episodio posea un afán universalista.

    …y cuida mi impresora wn, con esa me gano la vida imprimiendo billetes falsos.

    Saludos

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