Poesía

La casa que no deja dormir

La casa tiene esa lujuria del insomnio
dispersa por el aire de los pulmones del sueño
y no se puede yacer y dormir
porque se está intranquilo;
hay pechos en los pensamientos
y pantorrillas de mujer blanca
bajo las camas de todos los invitados.

Los objetos calientes tratan de agazaparse
como si fornicaran escondidos;
aplanan entre libros el deseo de los átomos,
hacen crujir los veladores,
y se liberan o masturban el sueño mientras cerramos los ojos.

Algunas espinillas cambian su grasa por espermas
rebosantes de nuevos y lechosos retoños ávidos
por el útero joven de la madre torpe
que se deja embarazar por el siglo
y pocos están concientes de al dolor que serán paridos.

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