Élegos

Élego VIII

Después del almuerzo mi tenacidad se diluye
en las proteínas del caldo más exhausto.

Y es de vagos la gracia de aguantar el cuerpo,
de aguantar a pie la costumbre de atardecer:
crepúsculo de cansado corazón
y crepúsculo palpitado oscuro en todo el horizonte.

Es que después del almuerzo,
ya no le quedan ganas al hambre.

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3 comentarios sobre “Élego VIII

  1. hey hace milq ue no pasaba por aqui!!!

    esta es una de las pocas veces que no cache nada del poema…noe netndi esa relaciond ela comida con el eresto del poema…
    pero bueno
    grax por lo de felina..jaja y por el miau..jajaj…que risa

    p.d se extraña tu cara en la iglesia ye so poeticos y profundas opiniones

    un besu
    me

  2. Mmm mira tú tan inspirado que estabas a esa hora como para haber escrito eso…mish jaja
    Espero que no te pase eso para el sábado (sea antes o después que lo leas)

  3. Lo tomó desde el “hasta el mínimo esfuerzo llega a agotar”… quizás me desvíe y sólo kiera decir que comer te llena el estómago , el alma y el corazón.
    Sí, los escritores o pseudo escritores solemos ser ebrios egolatras… pero quizás lo que no bebemos de manera literal, lo hacemos bebiendo las sustancias que la vida nos otorga: penas, alegrías, humos mágicos, etc.

    para terminar una frase del libro “el retrato de dorian gray” :
    “Los verdaderos artistas sólo se ven en lo que producen, por consecuencia, no tiene ningun interés por sí mismos”

    saludos sr. miguel alejo.

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