Miguel Alejo

Archivo para la categoría "Poemas de Agua"

Lejanía

Posteado por: miguelalejo en: Abril 25, 2009

Cuando no estas
la casa es un hoyo de silencio.
Los objetos, los muebles, las flores
están concentrados en su mutismo
hasta el punto en que oigo el pulso que me hace vivir.
Es un ritmo de tambores.
Es el ritmo de la soledad.
Cuando no estas
la casa se convierte en un reloj
que mide la distancia hacia la muerte.

El Tata

Posteado por: miguelalejo en: Septiembre 3, 2008

A José Miguel Concha
Como el árbol de raíces milenarias
buscaré al abuelo más allá de sus huesos sepultos
para recordar que no olvidamos
que no dejamos que el viento usurpe sus cenizas
Porque todo árbol de raíces milenarias
conoce el origen de su fuerza;
porque toda estirpe expulsada sobre la tierra
conoce el origen de su fuerza
Este es el epitafio que escribo [...]

Misantropía

Posteado por: miguelalejo en: Junio 2, 2008

Sabiéndome infinito, conociéndome presente,
hoy la vida me invita a concertar
la pena ubérrima frente a las audiencias invisibles.
Y debo, y voy, a dibujarles una gran pena
más grande que la mueca brillante en los dentríficos.
Porque la alegría es una ceguera simpática que nunca nos pertenece
y estar feliz es la indiferencia que aborrezco para ustedes.
Y debo, y voy [...]

Seco

Posteado por: miguelalejo en: Abril 21, 2008

El fuego escarbó hasta los pozos.
El verdor de las aguas, profundo, 
marchó a un destierro de oasis y plutarquía.
La madre está en la montaña de fiebre,
encerrada en tu luz de la muerte.
El sol quiere dormir en la pradera su siesta de mediodía.
Pero las hembras, agobiadas, no están dispuestas al amor.
Y la sangre marcha a su destierro incendiario.
No hay [...]

Hija

Posteado por: miguelalejo en: Abril 10, 2008

Niña panza de mantequilla,
pubis de albor;
por donde pasas,
niña, caen cintas de color.
Niña cabellos de carbón,
sonrisa de ají;
no sacrifiques el corazón,
huye, niña, de vivir.
Amada, jugadora, colibrí;
eres flor que nació de mí.

Esencia I

Posteado por: miguelalejo en: Abril 8, 2008

Somos un hilo de lluvia que el sol disipará.
Un nuevo verso que opaca el precedente.
Un nuevo verso que restringe un viejo adagio.
Y, personalmente, soy lector frente al libro,
el más resignado de los misterios,
y un hombre de Dios que no ha podido leer en sus ojos.
Acaso la muerte espera al poeta al final de cada verso,
para [...]