Posteado por: miguelalejo en: Marzo 22, 2007
II
La muerte, intransferible,
como el crédito negro de una tarjeta que adeudamos,
nos come el niño adentro del alma que dice adiós,
toma el corazón y lo deja en su regazo de años.
¿Oh Madre de fríos brazos, he de mamar tu silencio?
Marzo 22, 2007 a 4:45 pm
MMMmmm creo que no entendí mucho esta vez